Las balas que no pudieron asesinar el pensamiento

Después de 30 anos de la muerte de monseñor Romero en  la ciudad de El Salvador, país ubicado al noreste de Honduras,  centenares de personas  en toda América  Latina  recordaron la muerte de este sacerdote, quien entre pleitos e incertidumbre que se vivía en aquella nación  se mantuvo firme ante cualquier poder político que predominase.

No obstante,  Honduras, un país de Centroamérica, no esta tan lejos de la realidad.  Sucedió en un país vecino, donde el  control lo tenían los grandes grupos de poder que  hacían lo que querían.  Parece que la población hondureña pasa por la misma situación; claro, aquí ya la iglesia no defiende la dignidad del pueblo, sino el bienestar económico que les asocia.

Las balas matan cuerpos, pero reviven grandes recuerdos  que quedan sellados para siempre. Todo esto se ha manifestado a lo largo de los años con muchos mártires que han muerto por la lucha contra la corrupción y los atropellos, abucheos en pro de la defensa de un pueblo que solo tiene un deseo: ser escuchados y que sus derechos sean cumplidos.

En pleno siglo XXI todavía se realizan actos vandálicos, pero no provienen de los pobres, sino de aquellos que sus bolsillos se llenan cada mes con los mismos  impuestos que el pueblo paga.  ¿Dónde esta la justicia? Claro, existe. Pero no se aplica para todos. Si tan solo contáramos los hechos de corrupción que se han llevado a cabo en todo el mundo, seguramente no nos ajustaría ni los dedos de las manos.

Hoy por hoy corre sangre inocente de cientos de personas en Honduras ¿pero quien hace algo? ¿Donde estas las organizaciones e instituciones defensoras de los derechos humanos y dónde se esconde la justicia? Si tan solo vivieran lo que muchos inocentes: niños, que son victimas de violaciones, pensarían de diferente manera y la ley se movería rápido.

A lo largo de la historia la humanidad ha realizado grandes marchas para que se les respete su dignidad y se cumpla la democracia, pero estas se quedan en pancartas y en suplicas que desaparecen como el ave fénix.  Pero no se pierden las esperanzas de que un día este mundo ambicioso cambie en pro de la dignidad humana.

Publicado por Ruth Reyes

 

 

~ por nuevageneracionhn en marzo 25, 2010.

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