UNA VIDA ENTRE LA IGLESIA Y EL TEATRO

Rodeada de arboles que desprendían hojas secas y un viento frio, encontramos una vieja casa de madera, húmeda,  de color gris; la falta de pintura podía notarse.  Un sendero de cemento que guía hasta una puerta  de tela metálica que al abrirla nos encontramos con la “oficina” del padre Jack Walter. Un Cristo de madera pulida y fotos y premios de sus éxitos en el teatro.

Suelta una carcajada. Suspira profundo. – Mira que cuando me entrevistan es lo primero que me preguntan, curiosos los periodistas, no? – Crecí en una familia religiosa, pero no nace desde allí mis ganas de ser sacerdote.  Surge en mi secundaria, tenía dos maestros, eran jesuitas.

Un personaje   de casi 6 pies de altura, piel blanca con pecas, cabello raleado totalmente blanco; amarrado con una cola de cabello a la nuca que lo diferencia de los sacerdotes comunes.  Un rostro con abundantes arrugas que nos dilatan sus años, labios delgados y arrugados, dientes amarillentos. 

Bueno, iba a empezar la secundaria; era un chiquillo todavía, pero no te miento,  eh que habían muchas “flores” hermosas, (risas) pero no, nada en especial. Como romances;  eso es lo que me querías preguntar, verdad?. Sonríe el destacado jesuita.

Jack Warner,  jesuita norteamericano pero hondureño de corazón.  Distinguido sacerdote de 62 años que le quedan muy cortos a su apariencia.  Sencillo. Viste una camisa blanca, manga larga de manta; tejido el nombre de la ciudad de El Progreso y Honduras en color azul, pantalón jean  desgastado de color verde olivo  y tenis viejos  NIKE de color “blanco”.

 Leía libros de cómo hacer drama, pero cuando estaba en Bolivia me fui formulando la idea que después de  mi sacerdocio haría la actuación. Creí que era una buena idea para desarrollar este arte en América Latina la importancia que podía tener, en mi opinión, en las zonas más rurales donde no  todos tienen el acceso al Internet o de pagar para ver una película.

 En su visita a Bolivia; primer país latinoamericano en conocer. Fueron dos  meses de estudio, pero después de ordenarme en 1974, y que terminé los estudios de teología, fui a Bolivia como por un  año y medio. Tenia como objetivo aprender español aunque mi acento no es muy bueno, se ríe.

Primero pasé el primer mes en estudios del idioma y después trabajé por un tiempo con una casa para niños, algo como SOS, que tenían los jesuitas allá y con una emisora de radio, fue muy bueno.  Cuando regrese de Bolivia a Los Estados Unidos, Chicago para sacar el titulo de Goodman School of Drama, escuela de drama.  Pasé tres años sacando el título de Master de Bellas Artes.

 En enero de 1979, hace 20 años.  Llega a la ciudad Perla del Ulúa  el mismo día que el Papa llegó por primera vez a México, muy curioso. Vine aquí a El Progreso para conocer, me gustó la estructura de parroquias que tenían los jesuitas, y me pareció que era una gran idea que podía ayudarme para hacer teatro popular y tener actores de aquí. Fantástico.

 Cuando se le cuestiona de cómo mira a teatro La Fragua en relación con los demás, su primera frase que destaca es: único. Podría decir que podemos hacer teatro en cualquier lugar, montamos escenas sin importar el acondicionamiento, el ambiente.  Asegura que el éxito de sus obras también se las debe a los actores.

 Voluntad y buena condición física.  En su mayoría las personas se alejan cuando se les advierte que se tiene que hacer un poco de ejercicios, pues en el teatro se necesita porque el actor habla muchas veces con su cuerpo a través de los movimientos. En relación a sus vicios;  Te refieres  mis cigarrillos?,  saca de la gaveta de su escritorio un paquete de 25.  Están caritos… dice con tono paradójico.

 Te diré la verdad, económicamente es difícil mantener el teatro, pues en su mayoría de las ayudas son del extranjero, lo hacemos con apadrinamientos externo, no tenemos ayuda del gobierno para realizar nuestro drama.  Esperamos expandirnos en diversos sectores del país.   Luchadores, así describe a los progresenos. Aquí la gente trata de ganarse la vida de cualquier manera.

  Sin duda alguna, Jack Warner  es un personaje con grandes éxitos, vicios, con errores.  Toda una gran trayectoria tanto espiritual como en el arte, lo ha llevado a este sacerdote a reconocer que los esfuerzos son victorias al final.  Norteamericano de nacimiento pero hondureño de corazón; es como describe su nacionalidad Jack Warner.

Publicado por Ruth Reyes

  

 

 

 

 

~ por nuevageneracionhn en marzo 23, 2010.

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