Honduras, una crisis que no terminó con las elecciones

Una humilde, pero intrépida trabajadora doméstica de Honduras se acercó a la visita de la casa en que trabaja y preguntó sin tapujos: “¿No sabe quien me quiera comprar el voto?”. La respuesta fue de asombro. A ella no le interesa nada más que el dinero, porque la crisis política de su país –que apenas y sabe que existe – no la causó ella, no se origino pensando en ella, e irónicamente, repercute más que a nadie, a los que son como ella: pobres e indefensos.

Entonces surge una sonrisa irremediable: “Yo soy liberal, pero la verdad es que por la situación en que me encuentro, le vendo mi voto a quien quiera por unos 500 lempiras (unos 26 dólares). Total, si voto, el que gane no me va a dar de comer. Tengo que sacarle aunque sea algo antes que se olvide de uno en el poder.”

En este contexto, donde el 70% de la población en este país centroamericano vive en la pobreza, a cinco meses de haber sufrido un moderno golpe de estado, con la economía agonizante y en el ojo de un huracán que ha despertado polémica más allá del continente americano, el pequeño y ahora polarizado país fue a elecciones generales.

El 29 de Noviembre del presente año 2009 comenzó la jornada. Eran las 7:00 a.m. (01.00 GMT) cuando se abrieron las urnas. Las elecciones, más que democracia en acción, fueron el reflejo de las ansias y esperanza de que se solucione la crisis. Sin saber que pasará luego, solo haciendo fila para –finalmente– poder hacer algo que creen y quieren que ayude a que todo se termine.

Los que no lo hicieron, comprenden que es una obligación moral la que los mueve a abstenerse, por que recuerdan los muertos, las agresiones, el descarado cerco mediático, aquella renuncia falsa que usó el Congreso Nacional, un presidente sacado a punta de rifle y exiliado a Costa Rica, sin juicio y sin opción de nada. Temen que todo termine en impunidad y que el mensaje se expanda y se siente el precedente: “Los golpistas se salieron con la suya”.

En los centros de votación todo transcurrió sin sobresaltos, y la llamada “Resistencia contra el Golpe de Estado” marchó  en lugares alejados a las urnas. La paradoja es que ambos buscaban la salida y lo hacían en nombre de la democracia, libertad, paz, y el amor a la patria. Palabras que estuvieron en boga durante todo el proceso.

La ambigüedad de estos términos llegó a su punto máximo cuando se reprimió violentamente –como de costumbre – a los manifestantes que desde temprano protestaban pacíficamente en San Pedro Sula (capital industrial). Cargaban cruces  con los nombres de dirigentes y miembros de la Resistencia asesinados. Algunos canales de televisión fueron obstruidos y los locales aseguraron que todo transcurrió sin violencia.

Horas mas tarde, cuando en Uruguay, Luis  Lacalle (líder izquierdista) celebraba su triunfo y pronunciaba su discurso de unidad, felicitando a sus contrincantes ante una multitud abrumadora; en Honduras los resultados de las elecciones todavía eran un relativo misterio y se realizaban entre la complacencia de unos y la decepción de otros. Manuel Zelaya (refugiado en la embajada de Brasil) no pudo votar.

Sorprende que ante todos los esfuerzos y aseveraciones de que este sería el proceso más eficaz, pues implementaron sistemas computarizados, muy buena capacitación y organización en el proceso, los resultados definitivos se retrasaran hasta el lunes 30 por un problema técnico. En municipios pequeños los resultados se darán hasta el viernes, 4 de diciembre.

Terminó la jornada, pero el dilema sigue. Ahora Honduras se enfrenta a las opiniones divididas no solo internamente, sino de la comunidad internacional, pues unos países las reconocen y otros no.  La Resistencia no cesa en su lucha por el restablecimiento del orden democrático. La abstención de entre 40% y 60% de los votantes pone en duda si los resultados de los comicios (que costaron unos 600 millones de lempiras) son la verdadera decisión del país entero.

Surge entonces otra interrogante: ¿Habrían sido los mismos elegidos de haber participado ese porcentaje y de no haber renunciado mas de 110 candidatos a la presidencia, alcaldías y diputaciones? Con todo esto, el proceso no estuvo exento de las típicas formas de corrupción. No faltó quien vendiera su voto y aquellos que apuestan por el de la cara bonita, o el candidato que le prometió trabajo a algún familiar.

Es por esto que muchas veces el sufragio se convierte en un apoyo a un ser querido, o en un simple acto que se reduce a “poner un granito de arena para solucionar la crisis”. Una crisis ajena a su total comprensión (porque el pleito responde a intereses políticos, no al bienestar del pueblo), que solo repercute y golpea más en la pobreza de este país latinoamericano.

Al menos un aspecto positivo es que esto impulsará la educación democrática, y disuelve un poco la barrera que le impide al hondureño interesarse y ver más allá de los colores. Se ve frente a la necesidad de  considerar candidatos, sus proyectos y propuestas.

Pareciera repetida la historia de 1957, cuando Ramón Villeda Morales (también liberal) fue sacado del poder en un Golpe de Estado promovido por Estados unidos y la oligarquía. Honduras puede relinchar y protestar, pero Estados Unidos decide. Decide quien se queda, quien se va y por supuesto, quien tiene la razón. La diferencia es que ahora se enfrenta a la vastedad de países (entre ellos Brasil, que es una potencia relevante) que se atreven a decir, “esto no esta bien”.

Por ahora el plan parece ir viento en popa, pues tres días luego de los comicios el Congreso Nacional decidirá si restituye o no a Zelaya. Decisión que, de ser positiva, no tendrá mayor relevancia para ese entonces, pero cerrará con broche de oro los cinco meses de dictadura que dejaron exhaustos y desgastados a los hondureños y su economía, que para algunos analistas equivale a las secuelas que dejarían unos cinco huracanes Mitch (que azotó el país en 1998).

Ailin Guerra

~ por nuevageneracionhn en diciembre 1, 2009.

4 comentarios to “Honduras, una crisis que no terminó con las elecciones”

  1. La felicito por ese reportaje muy profesional para ser una estudiante. Ese tipo de personas necesita el periodismo de Honduras, que sea de mente abierta, critica e imparcial y que valore su profesion sin venderse al mejor postor, como los periodistas de televicentro

  2. hahahaha… no lo he leido todo, pero parece ke sos de la resistencia. No mas comentarios.

  3. definitivamente no estoy de acuerdo, hay ke dejar atras lo malo y ver hacia adelate, lo que ha pasado con Mel hasta ahorita ha sido malo y bueno, pero no podemos condenarnos nosotros mismo por un solo hombre, lo que ahora deberia de importarle a las personas es que eso quedara grabado en la historia y que ahora habra que darle la oportunidad al presidente que sigue y escribir en los libros lo que ya paso.

  4. Te felicito excelente, editorial,seguite cultivando ,y, manteniendo esa calidad humana siempre, Dios te bendiga…

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