LA RELIGION DEL FUTBOL

Pasión, distracción, amor a la patria… El fútbol no es para los hondureños un deporte… lo es todo. Muy pocas cosas son mas importantes cuando de ver jugar a la selección nacional se trata y por unas dos horas el partido local nos hace enemigos de cualquiera que sea del equipo contrario. Si bien ya no es una simple distracción, también se ha convertido en un arma de doble filo.

El fútbol es, desde hace mucho tiempo el medio de escape, por excelencia, a la dura realidad que agobia a los hondureños. Hoy y siempre, el ser humano busca la forma de evadir las presiones de la vida diaria. Esto y más, ha sido el fútbol en medio de la crisis política y económica actual. Basta encender la televisión y a disfrutar se ha dicho.

 

Sin embargo, no faltan los que hacen uso del fanatismo extremo para traer y adormecer a las masas a favor de sus intereses. La enajenación colectiva va más allá de los límites. Es por esto que, mientras se juega un partido importante, de vez en cuando también se dan alzas importantes al combustible o algún producto de la canasta básica.

 

La gente gasta hasta lo que no tiene para ir al estadio, hipnotizados por la euforia. Se endeudan o utilizan el dinero destinado para otros fines.  El comercio y el turismo se reactivan como por arte de magia y por unos momentos no existen los protagonistas de conflicto: Roberto Micheletti y Manuel Zelaya. Desaparece la pobreza y la violencia, solo quedan ansias de goles y penales decisivos.

 

No es de extrañar que este deporte mueva millones, tanto en adeptos como en ganancias. Y por supuesto, los mayores dirigentes son ex políticos y empresarios acaudalados. Estos son los beneficiarios del estupor que abarrota las taquillas y convierte en héroes nacionales a los mejores jugadores. Su imagen mueve la voluntad,  ya sea a comprar los productos que promocionan o a llevar una camiseta con su nombre y numero.

 

Es una religión que profesan grandes y pequeños, y cada vez son más mujeres. Una religión que se ve mezclada con política y economía. Los gobiernos buscan congraciarse con el pueblo a través del fútbol. Muestra de ello es el feriado nacional luego de la clasificación al mundial, y el reconocimiento que se les dió a los jugadores. Es un mensaje sutil pero efectivo.

 

Así nos aleja de la realidad, y a la vez nos desvía de lo importante. Como espectadores que observan pero no participan del juego. Que invierten en sueños que no realizan, por que los equipos de fútbol y la selección son las únicas instituciones con las que la población en general se siente identificada, aun cuando no esta exenta del virus de la corrupción.

 

Tanto es en algunos la fiebre, que llegan a matarse por rivalidad entre equipos que no les pertenecen y que, ganen o pierdan, al final volverán a la realidad. La histeria que envolvió a la población casi en totalidad luego de la clasificación al mundial, dejó a su paso choques innecesarios, heridos, basura en las calles y la sombra del sentimiento de unidad que desaparece hasta el próximo partido.

 

 La cultura de vivir el momento y despertar con las bolsas vacías al siguiente día, o con una terrible decepción por una derrota no es propio de una nación pensante y en busca del desarrollo. Es necesario que, sin dejar de disfrutar del fútbol, esa misma pasión se pueda observar en otros aspectos y áreas que como sociedad, están siendo descuidadas. Entre ellas la practica de deportes para una vida saludable, los valores cívicos y la educación.

~ por nuevageneracionhn en noviembre 24, 2009.

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