CUANDO CONVIENE DAR

 En un reportaje en la Catedral de San Pedro sula, vimos como la ayuda a causas nobles parece no atraer la atencion de la poblacion sampedrana. Todo apunta a que siempre y cuando se reciba algo a cambio, es cuando disponemos a dar. 

En un domingo de octubre, me encontraba a las afueras de la Catedral de San Pedro Sula. El reloj marca las 8:20 am y la misa ya comenzó. Adentro, varias personas atienden a la celebración de la eucaristía. El parque al frente de la iglesia estaba lleno de personas como de costumbre. Entre ellos, unos sentados en las bancas cerca de la calle, algunos jóvenes vendiendo discos y otros cambiando dólares por lempiras.

 El día circula como otro domingo, pero para nosotras es un reto. Somos cinco jóvenes a las afueras de la catedral. Vestíamos de manera sencilla; una camisa blanca, en donde colgaban los carnet que nos identificaban, orfanato “Las Mercedes” – La institución a la que representábamos—, unos jeans y tenis deportivos.

 Ordenamos todo lo que íbamos a vender. Dentro de la caja que habíamos preparado, podían verse un sinfín de colores llamativos y diseños del producto que vendíamos. Aretes, ganchos y colas para el cabello. Cada una tomo unos cuantos para cargarlos en las manos, y así ofrecerlos más fácilmente.

La oportunidad de ayudar la pusimos nosotros; la voluntad aguardaba en ellos. La poca ayuda a las causas nobles no es un tema nuevo, en nuestra naturaleza humana tendemos a buscar nuestro propio bienestar y olvidar a nuestro prójimo. Aunque siempre hay una excepción.

  Una vez instalados, llego una Señora a nuestro puesto. Traía un vestido sencillo con estampado de flores, y su pelo recogido en un peinado sencillo. Nos admiramos cuando de repente quedo observándonos de reojo y nos preguntó:

-Hola, muy buenos días, ¿Discúlpenme, pero quería saber si tienen la autorización de estar aquí? – dijo ella.

-Si, ya nos dieron permiso. –contestamos a su interrogante.

A pesar de esto, nos cargamos de entusiasmo y comenzamos a detener a la gente. Dos de nosotras se quedaron en el espacio que habíamos escogido en las gradas, mientras que las otras pedían una colaboración a todos los que iban y venían.

-Disculpe, ¿Le gustaría contribuir con el orfanato las Mercedes, comprándonos bisutería?. Preguntábamos una y otra vez

Cada una de nosotras ya sabía que decir. Le dábamos la opción a la gente de poder compartir de lo que tenían con niños a los cuales ayudábamos. El trato parecía justo, ellos nos compraban un producto, y ayudaban a la causa, de manera que todos salíamos ganando.

Se entrevistaba mucha gente. Llevábamos a esta hora más de 40 personas entrevistadas. Pero el común denominador apuntaba un resultado no tan positivo al principio. Incluso unas jóvenes que parecía que venían muy felices, ni siquiera se detuvieron a vernos, y se fueron de paso con un frio “no me interesa” en su rostro.

Vender no era tan fácil para nosotras. Tampoco parecía serlo para los otros comerciantes que se encontraban junto a nosotros, en las gradas, o incluso los que estaban más cerca de la calle. Como una Señora con sus hijos pequeños que tenían en una mesa de madera, una cantidad de cosas por ofrecer, como imágenes de la Virgen María y Jesús. Aguardando como todos los domingos a ganar un poco de dinero.

También se encontraba una mujer embarazada, junto a sus dos hijos, que sentada en las gradas, vendían agua en bolsa a los que transitaban hacia la iglesia. A su vez, había un hombre que vendía cadenas largas que colgaban de unos clavos grandes en dos varas de madera. Nos comento como la crisis estaba afectándole a su venta ya que nadie quería comprar algo que no era necesario.

Eran pocas las personas que se detenían siquiera a escuchar, muchas de ellas eran jóvenes y mujeres adultas, en su mayoría, iban tan deprisa hacia la misa que literalmente nos ignoraban, en su intento de llegar puntuales y no perderse la predicación. A esta hora llevábamos más de 80 personas entrevistadas, con muy poca suerte conseguimos vender varios pares de aretes y unos cuantos ganchos para el cabello.

 Una familia con sus dos hijas, de unos ocho años la pequeña, y la mayor de unos 12 años, llegaron al puesto y pensaron que era una buena forma de ayudar a los niños pobres, y que además nosotros ofrecíamos las cosas a un precio cómodo, así que le ofrecieron a sus hijas a escoger dentro de lo que teníamos, y estas a su vez se pusieron los ganchitos en el cabello al tiempo que los compraron.

Dos de los comerciantes de allí se retiraron temprano. Sus ventas han bajado desde la crisis política dicen ellos. “La gente ya no tiene dinero para comprar cosas que son un lujo más que una necesidad, así que a nosotros nos va mal”, dijo don José Ramírez, vendedor en la catedral, padre de 3 hijas a las cuales no ha podido ni siquiera matricular en la Universidad debido a la falta de ingresos diarios.

Dentro de las personas que compraban no hubo una edad promedio. Se detuvieron a comprar desde joven, niñas pequeñas, parejas, familias y señores de edad, era imposible predecir quien compraría o no, así que ofrecíamos las cosas a todos. La venta término mejor de lo que esperábamos, se vendió una gran cantidad de lo que llevábamos, y aprendimos una lección.

A pesar de que chocamos una y otra vez con respuesta como un “no”, “no tengo tiempo”, “no quiero”, hubo gente que si estuvo dispuesta a apoyar a la causa, en su mayoría gente que vivía en Choloma donde se situaba el orfanato. Esto nos confirma que la gente tiende a apoyar más a lo que tiene cerca o lo que puede afectarle de alguna manera.

Muchas veces nos preocupamos demasiado por buscar cosas que nos ayuden y beneficien a nosotros mismos, sin preocuparnos por nuestros hermanos, la verdad del amor no está en buscar el bien propio, sino más bien, en sentir la pasión por ayudar a los demás, y así hacer un mundo mejor.

~ por nuevageneracionhn en noviembre 19, 2009.

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